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Hambre y Odio

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Con el estómago vacío buscas desesperado ayuda, gritas hasta quedarte sin voz, porque sabes que alguien te escuchará, sabes que alguien podría ayudarte, pero no te ayuda. Las calles están llenas cadáveres y nadie hace nada, un perro ladra desde un ataúd y sólo susurran rumores de portal a portal. El perro muere y ellos siguen con sus vidas diciendo: “Pobrecillo, y nadie pudo ayudarle”.

Niños hambrientos vagan por las calles, niños con cuerpos maduros, niños crecidos y gastados, niños cansados, niños que tuvieron que dejar de ser niños y que, aún así, siguen siendo niños. Niños, niños, niños y más niños. Niños molidos a golpes por los injustos, niños apaleados por los enfermos, niños destrozados por niños con demasiado odio dentro. Niños blancos, niños negros, niños chinos y todos se insultan entre ellos cubriéndose tras esa máscara de madurez, esa máscara de saberlo todo, de tener experiencia, cuando en el fondo son niños temerosos que jugarían en el patio del colegio con aquellos a los que insultan.

Niños hambrientos que harían lo que fuera por dejar de ser lo que son y ser tan solo niños, pero nadie les dejará ser niños, porque los niños están mal vistos en esta sociedad, la gente actúa como gente adulta, madura y responsable y son los primeros que pecan de inocentes, bobos o ignorantes, mientras se ríen de los niños que son de verdad maduros, responsables y con experiencia, pero que se niegan a dejar de ser niños, a esconder esa parte juguetona que tienen dentro. Así reciben golpes a cambio de caricias.

Y unos niños con poder, con dinero y con amigos imaginarios nos dicen cómo tenemos que vivir, cómo tenemos que pensar y cómo tenemos que hablar. Nosotros morimos de hambre y sin techo mientras ellos tienen 3 casas y toda la comida que quieran. Y los niños hambrientos salen a la calle a gritar, a pedir comida, a pedir derechos. Los niños poderosos envían a sus primos, los matones, los niños que nunca supieron jugar limpiamente, los que siempre perdían, los niños que nunca se sintieron queridos y siempre odiaron, siempre tuvieron rabia en sus ojos y sangre en sus nudillos, niños con pistolas.
http://www.youtube.com/watch?v=VCkFSe3voRc
“And they’re turning us into monsters,

turning us into fire,

turning us into monsters.

It’s all desire, it’s all desire, it’s all desire…”

Los niños apaleados y hambrientos, frustrados, absorben esa rabia, se llenan de odio, se llenan de lágrimas, cierran los puños mientras les llueven golpes y piensan como lanzar su ira, su desesperación…cuando ellos solo pedían comida, sólo pedían derechos, sólo pedían justicia.

Un día los niños se cansarán de esperar a que se les haga caso y ese día el fuego se extenderá como en las calles de París, porque los niños son niños, pero no son tontos.

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Acerca de Dyncall Llaw

Ilustrador.

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